La reciente victoria electoral de Ángela Merkel augura la continuidad de las medidas de severidad y de austeridad económica que deberán imperar muy especialmente en los países del sur de la vieja Europa. Todo hace pensar que continuaremos asistiendo al contraste entre la lucidez analítica que explica la razón por la que la austeridad ni ha funcionado ni funcionará y la ominosa contumacia de quienes nos la imponen.

Bajo la quimera de “recuperar la confianza de los mercados” se viene sometiendo a las sociedades de España, Grecia, Portugal e Italia a una realidad lacerante que se acepta con resignación. La receta que impone la Canciller alemana para reducir los déficits y el endeudamiento de estos países en opinión de un buen número de reconocidos economistas, no solo no permite salir de la crisis sino que la agrava, provoca la contracción y el adelgazamiento de la economía. Es lo que el premio Nobel, Paul Krugman ha denominado el suicidio económico europeo.

No se trata, sin embargo, de ningún error de política económica, sino más bien de una truculenta estrategia perfectamente diseñada para desvalijar las economías del sur europeo. Este expolio es posible debido a la desregularización jurídica que, desde el 2000 ha ido desplazando el capitalismo productivo por un “mercado de casino”, sin supervisión administrativa, en el que ha quedado suprimido el delito de información privilegiada y que funciona mediante apuestas en las que no hay que identificarse y que especula sin ambages con la deuda soberana de los países del sur de Europa. Ciertamente, lo que al principio de la crisis resonaba a “interpretación conspirativa” hoy es un hecho, este desastre que padecemos no ha sido accidental sino deliberado.

Hay datos que comprueban que en la crisis prolongada y en el consecuente adelgazamiento de las economías es donde el lobby financiero encuentra su mejor forma de lucro y sus mayores beneficios. En España desde hace unos meses ya han comenzado a aparecer decenas de fondos de inversión la mayoría extranjeros que, aprovechando los bajos precios después de tres años de crisis se han lanzado a adquirir pisos, empresas inmobiliarias, deuda de compañías, viviendas, edificios oficiales…

Lo más dramático es comprobar que aquellas promesas de regulación financiera que nos hizo el G-20 tras la caída del gigante Lheman Brothers quedaron sencillamente en agua de borraja y que cada vez es más desigual la relación existente entre los partidarios de la regulación financiera y los del “laissez faire”. Ello se explica, en palabras de un gran conocedor de las finanzas mundiales, el profesor de Economía y Negocios Internacionales de la Universidad de Nueva York, Nouriel Rubini,  porque los lobbys nunca han sido tan poderosos como lo son hoy, puesto que están en perfectas condiciones de cortar de raíz cualquier tentativa de reforma al haber colocado a sus agentes en las más altas esferas de poder, tanto en Estados Unidos como en Europa y lo han hecho además, ante la mirada inerme de una clase política impotente, que por mucho que se esfuerce en hacer creer a su electorado que controlan sus economías nacionales, que están en condiciones de animar el crecimiento o de reducir el paro, lo cierto es que cada vez dependen más de poderes económicos supranacionales que imponen políticas económicas encaminadas a concentrar la riqueza en manos de una minúscula élite . Terrible panorama para el ciudadano.

 

María. D. Perales Poveda

Licenciada en Historia