María Teresa León ha sido una de nuestras grandes y desconocidas escritoras. Inspirada e inspiradora, se puede afirmar que fue una de las mujeres más comprometidas con el conflictivo tiempo que le tocó vivir, la guerra civil española. Autora de libros de guiones de cine, de montajes teatrales, traductora en varios idiomas.
Nacía el 31 de Octubre de 1903 en Logroño, hija de un coronel del ejército, su infancia y adolescencia transcurrieron en Madrid, Barcelona y Burgos. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza y fue la primera mujer que en España se doctoraba en Filosofía y Letras. Muy joven, con solo 17 años contraía matrimonio con Gonzalo de Sebastián y empezó a publicar artículos en el diario de Burgos bajo el pseudónimo de heroína de D’annunzi. En 1928, tras un viaje a Argentina se separó de su marido y se trasladó a vivir a Madrid donde conoció al que sin duda sería su compañero y gran amor, Rafael Alberti.
Desde el primer momento la unión de la escritora con Rafael Alberti estuvo marcada, como tendremos ocasión de comprobar, por una prolífica y dilatada singladura cultural y política.
María Teresa León fue protagonista indiscutible de la política teatral republicana durante los momentos de la Guerra Civil en aquel Madrid antifascista que Alberti llamó “la capital de la gloria”. Como muy bien apunta el catedrático de literatura contemporánea de la universidad de Barcelona Manuel Aznar Soler, el interés de María Teresa por el Teatro fue muy anterior a ese trágico 18 de julio de 1936 en que el general Franco, con la ayuda del fascismo internacional, encabezó una sublevación militar contra la legalidad republicana que costaría un millón de muertos. En 1931, poco después de la proclamación de la II República María Teresa y Rafael fueron pensionados por la Junta de Ampliación de Estudios para estudiar el movimiento teatral en Europa. Aquel viaje les resultaría decisivo para tomar conciencia ideológica sobre la injusticia estructural del capitalismo y para tomar partido por el comunismo revolucionario que en aquellos momentos se construía en la Unión Soviética. Su asistencia al Congreso Mundial contra la Guerra, celebrado entre el 27 y 29 de agosto de 1932 en Amsterdam; su primer viaje a la Unión soviética, pero sobre todo su experiencia alemana en Berlín, donde presenció el ascenso de Hitler al poder, fue lo que le hizo sin duda asumir su gran compromiso antifascista, lo que se tradujo, a su regreso a Madrid, en la creación de la revista Octubre, órgano de expresión de escritores y artistas revolucionarios entre los que cabe mencionar a García Lorca, César Vallejo o Luís Buñuel. Del 1 al 12 de diciembre de 1933, en el saloncillo bajo de Ateneo de Madrid, la revista Octubre y los artistas revolucionarios organizan la primera exposición de arte revolucionario y un letrero advertía al visitante: “El hecho de concurrir a esta exposición significa estar contra la guerra imperialista”.
En esa misma revista, María Teresa de León publicaba, “Extensión y eficacia del teatro proletario internacional”, un artículo en el que la escritora hace una breve síntesis de la historia del teatro revolucionario soviético y defiende la creación en todo el mundo de grupos que se integren en la Unión de Teatro Revolucionario, dejando ver su evidente orientación hacia un teatro revolucionario cuya representación resultaría del todo impensable en los teatros comerciales de la burguesía española. Por ello, desde la revista Octubre, Alberti y María Teresa lanzaron la idea de crear grupos teatrales de agitación que representasen en pueblos y en fábricas.
En plena guerra civil, María Teresa ejercería el cargo de secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas, alianza nacida del I Congreso Internacional de escritores y que se instaló en el palacio del Marqués de Heredia Spinola. Durante tres años, el palacio será el escenario de un buen número de intelectuales españoles: Antonio Machado, León Felipe, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre o Luís Cernuda o extranjeros que vinieron a luchar a luchar a nuestro país al lado de la República, como John Dos Passos o Ernest Hemingway. Al amparo de la Alianza, funda la revista El Mono Azul, nombre que fue tomado del mono que usaban los milicianos en el frente de guerra. Su objetivo era llegar a los soldados y hacerlos conscientes de su función en defensa de la república y la democracia frente al fascismo representado por los sublevados.
Mención especial merece el protagonismo de Alberti y María Teresa León en la salvación del patrimonio artístico. En los primeros días de la guerra, un grupo de intelectuales propuso al Ministerio de Instrucción Pública la creación de una comisión que velase por la conservación de las obras de interés artístico o histórico que había en los edificios ocupados por las milicias y el 23 de julio de 1936 se creaba por decreto la Junta de Incautación del Tesoro artístico. Pintores y dibujantes llenaron los muros y las calles de llamas: ¡Pueblo, antes de destruir un objeto cualquiera, infórmate!, ¡ Ciudadano, el arte y la cultura reclaman tu ayuda!. María Teresa León y su compañero Alberti, evacuaron y salvaron obras de arte de Toledo, del Escorial, del Museo del Prado…
En esencia, podemos decir que fue una mujer, enérgica, audaz, valiente y admirable. Embutida en su mono de miliciana recorrió los frentes, recitando, declamando, dirigiendo teatro o dando mítines. El ministro republicano Felix Gordón Ordás la recuerda en sus memorias como representante del Socorro Rojo Internacional, pidiendo que el dinero destinado a construir cuarteles se dedicase a edificar viviendas para los huérfanos de la Revolución de Octubre. El periodista soviético MIijaíl Koltsov, en su “ Diario de Guerra de España” la recuerda bañadaen lágrimas yendo de un fugitivo a otro exhortándolos a detenerse, en ocasiones con palabras afectuosas, pero otras con ofensivas, invocando su honor revolucionario. solo algunos le hacen caso y vuelven sobre sus pasos.
El mes de febrero de 1939, la pareja se trasladó a Elda, en Alicante, en la posición Dakar, muy cerca de posición Yuste. El 6 de marzo en un “Dragón” que despegaba en una improvisada pista, iniciaban un exilio que duraría treinta y ocho años.