María de Zayas y Sotomayor fue la primera novelista española que en el siglo XVI apostó por ser autora secular y defensora de los derechos femeninos. Sus obras literarias pueden considerarse una osada denuncia al tratamiento de la mujer a la vez que terreno abonado para escritoras posteriores, podría considerarse pues, piedra angular para una generación literaria y madre indiscutible de la lucha por los derechos femeninos. Sin embargo, su vida, como la de tantas otras escritoras contemporáneas suyas, no se consideró relevante para ser publicada, razón por la que se carece de los datos necesarios para una biografía.
De María de Zayas conocemos su creencia en la utilidad de la literatura y en el precepto horaciano de que ésta, tiene el propósito de entretener y recrear pero sobre todo de enseñar y de ejercer verdadera crítica social.
Sus escritos rompieron barreras y se convirtieron en todo un desafío a la sociedad patriarcal que le había tocado vivir. En la obra zayesca, a la transgresión del concepto de la honra y del honor se suma la crítica de la subyugación femenina al matrimonio impuesto. En la defensa de la mujer parte de una tesis general: es el alma el principio que informa la persona; al no haber “almas hombre y almas mujer”, solo cabe la igualdad entre los dos sexos. María no es original en la exposición de sus ideas pero sí apasionada y en ocasiones, podría decirse, violenta. Su ideario se centra en dos puntos fundamentales: el acceso de la mujer a la cultura, y la libertad de la mujer en la elección matrimonial.
La novela de Zayas tiene por tanto, un doble carácter: polemista y de tesis. Se propone no solo avisar, aconsejar a las mujeres, sino defenderlas ante la corriente general de descrédito de que son objeto por parte de los hombres, lo cual coloca a la escritora en una perspectiva feminista y a la vez completamente atípica en la sociedad patriarcal del Siglo de Oro en la que el rol de la mujer era exclusivamente de amante, esposa y madre. Zayas combate sin ambages en sus escritos la opinión masculina de que la mujer es la culpable y responsable de todos los pecados, idea enraizada en el ideal católico y lo hace desde la osadía de presentar en sus novelas personajes femeninos dotados de gran personalidad pasional, que se comportan con gran libertad y desenvoltura especialmente en el aspecto sexual. Tremendo desafío si consideramos que el canon de la época no era otro que el concepto calderoniano del honor que mantenía la idea de que la mujer debía de estar sometida al hombre.
Como podemos ver, la autora rompe el molde y subvierte valores aceptados por la sociedad por el mero hecho de saber leer, escribir y sobre todo hacer literatura en un tiempo en el que a la mujer le estaba vetado todo acceso a la cultura. Ya mantenía por tanto, en el siglo XVII, la idea moderna de que las mujeres son tan aptas para la educación como los hombres y no es una cuestión de capacidad mental sino de oportunidades. Podemos decir que María fue, sin duda, una mujer anticipada al concepto contemporáneo de igualdad entre sexos.