Durante el último cuarto del siglo XIX la educación en España se encontraba seriamente afectada por la pugna entre las fuerzas políticas y sociales conservadoras y católicas, y las procedentes de la Ilustración y de las ideologías democráticas y liberales. En este contexto surgía un gran movimiento renovador en el terreno de la enseñanza, integrado por un grupo de intelectuales del que formaba parte una mujer, María de Maeztu. Pedagoga, escritora, ensayista y extraordinaria conferenciante cuyo talento en la oratoria llenaba las salas de los colegios, institutos y centros educativos y culturales para escuchar sus “conferencias pedagógicas” y sobretodo, incansable combatiente de la teoría de que la mujer es inferior al hombre, física intelectual y moralmente, por ser más pequeño su cerebro que el del hombre. La mujer, decía, debe tener las mismas opciones culturales que su compañero. Debe ir al matrimonio con igualdad de derechos y deberes. Es preciso que se abran a la mujer horizontes para vencer en iguales condiciones que el hombre en la lucha por la vida, sin que tenga que depender de él.

María de Maeztu fue discípula de Unamuno en la Universidad de Salamanca y de Ortega y Gasset en la de Madrid,  en 1902 comienza a ejercer la docencia en una escuela pública bilbaína donde enseñará durante diez años, renovando los métodos memorísticos, dando clases al aire libre, creando cantinas y colonias escolares de verano y apostando por una educación laica.

Pensionada por el gobierno español para ampliar sus estudios y conocer los nuevos métodos pedagógicos viajó a Paris, a Bruselas y conoció el King’s College de Oxford. A su regreso a España daba a conocer sus experiencias en numerosas publicaciones y conferencias.

En 1915, se fundaba en Madrid bajo la dirección de María de Maeztu la Residencia de Señoritas en estrecha colaboración con la Institución Libre de Enseñanza, regida por las mismas normas que la Residencia de Estudiantes, creada por la Junta de Ampliación de Estudios que presidía Santiago Ramón y Cajal, organismo cuyo objetivo esencial era europeizar España, romper el aislamiento de la cultura española. Con la Residencia de Señoritas se iniciaba, en palabras de Jhon Crispín, el experimento “de una obra que puede ser de la mayor trascendencia para la educación de la mujer”. Se recogía allí la preocupación krausista por la educación femenina. Este impulso inicial recibió el estímulo y el apoyo del Instituto Internacional para señoritas en España, fruto de las actividades iniciadas en Santander y San Sebastián por Alice Gordon en favor de la educación de la mujer española y luego continuada por Susan Huntington cuya colaboración con María de Maeztu fue muy estrecha.

La Residencia de Señoritas sería el espacio en el que tendrían lugar numerosas conferencias cuyo objeto preferente era abordar y debatir el tema de la mujer y su papel en la sociedad, rol que hasta el momento estaba limitado por la imposición de deberes hogareños que se anteponían a su formación académica, terreno reservado al varón al punto que, en 1900 un 71% de las mujeres en España eran analfabetas. En esencia puede decirse que esta institución tuvo gran significación para la cultura femenina española y que María de Maeztu, con su prestigio personal y cultural, mantenía el espíritu de la Residencia en un ambiente grato y atractivo para las universitarias y los visitantes vinculados, como Marie Curie o asiduos contertulios como fueron: Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Eugenio Montes, Menéndez Pidal, Federico García Lorca o Pedro salinas entre otros. En palabras de Victoria Kent: “La Residencia de Señoritas significó un gran avance en la vida de las estudiantes españolas, una obra valiosa de evolución liberal y moral, inspirada por la Junta de Ampliación de Estudios”.

El de 10 de mayo de 1918, un Real Decreto daba paso a la creación del Instituto-Escuela, un nuevo ensayo pedagógico de Segunda enseñanza al que María de Maeztu, por su gran prestigio pedagógico, fue llamada para dirigir la sección primaria. En este Centro, se enseñaba sin libros de texto, un cuaderno de trabajo servía para que los alumnos anotaran las explicaciones del profesor y no se estudiaba de memoria. Siempre que era posible las clases se impartían al aire libre. Se hacían excursiones y mucho deporte. La enseñanza de la lengua castellana era con ejercicios especiales de dicción, de vocabulario, de lecturas, de redacción, de narración y de composición. La geografía con prácticas de cartografía y la Historia se enriquecía con continuas visitas a museos o lugares históricos. La biología, la botánica o la zoología se estudiaban con continuas excursiones al campo y visitas al parque zoológico. En esencia, novedosas y  revolucionarias innovaciones pedagógicas que escandalizaban a muchos, y muy especialmente cuestiones como la coeducación de niños y niñas y la libertad o ausencia de religión en sus programas.

En 1926 se fundaba en Madrid el Lyceum Club Femenino bajo la Presidencia de María de Maeztum con el objetivo de defender los intereses morales y materiales de la mujer. De acuerdo con los estatutos se constituyeron secciones como las de de Literatura, Artes Plásticas, Ciencias y Música, en esencia se trataba de fomentar en la mujer el espíritu colectivo facilitando el intercambio de ideas y encauzando actividades que redundaran en su beneficio. Pero no solo era un lugar de reunión en el que se intercambiaban ideas, era también un espacio de conferencias, cursillos, conciertos y exposiciones a cargo de intelectuales, científicos y artistas nacionales o extranjeros. García Lorca dio en sus salones la conferencia “Imaginación, inspiración y evasión en poesía” y Unamuno leyó allí su drama “Raquel encadenada”. En definitiva, los éxitos del Lyceum sirvieron de termómetro para revelar el estado de opinión, la sensibilidad y el interés de la mujer española a la hora de superar su mediocridad y aislamiento que dominaban su vida.

En 1926, María de Maeztu fue invitada por la Institución Cultural Española de la República Argentina para explicar un curso en la Universidad de Buenos Aires y en 1927 fue nombrada profesora extraordinaria de la Columbia University de Nueva York, más tarde viajaría a Cuba a México y a Londres donde explicaría en cuatro disertaciones el mismo tema. En Oxford hablará sobre “La mujer española” y en el Smith Colleg (Estados Unidos) es nombrada Doctora Honoris Causa.

De regreso a España, los acontecimientos que tuvieron lugar en 1936, entre ellos el fusilamiento de su hermano Ramiro de Maeztu obligarían a Maria a volver a Buenos Aires, donde fijó su residencia y obtuvo la cátedra de Historia de la Educación y donde permaneció hasta su muerte en 1948.