El pueblo necesita paz, el pueblo necesita pan, el pueblo necesita tierra. Y ellos le dan guerra, hambre, no pan y dejan a los terratenientes con la tierra. Debemos luchar por la revolución social, luchar hasta el final, hasta la victoria completa del proletariado. Larga vida a la revolución social internacional”

Lennin, 16 de abril de 1917

Este año se conmemora el centenario de la Revolución Rusa, un acontecimiento clave no solo en la historia del país, sino también a nivel mundial. La revolución propició transformaciones drásticas en todas las esferas de la vida social, cultural y política. Hasta el día de hoy, las implicaciones de las dos revoluciones ocurridas en 1917: la de febrero y la de octubre, son objeto de estudio por parte de los historiadores que tratan de explicar sus causas, sus consecuencias y su influencia en el contexto histórico internacional. Ciertamente, como afirma Jhon Reed, periodista célebre por su testimonio de la Revolución Rusa, lo acontecido en 1917 “ estremeció al mundo”.

lennin trenCien años han transcurrido desde que la Revolución bolchevique irrumpió violentamente en la historia de Occidente y, por extensión, de la humanidad. Cien años desde que Lenin, hasta entonces exiliado en Suiza, atravesó Europa en un tren sellado con el patrocinio de una Alemania que quería a Rusia fuera de la guerra y con la intención de ponerse al frente de una revuelta a gran escala para derrocar al zar. Se iniciaba una nueva etapa de tremendas transformaciones para la URSS, una etapa que se desarrollaría a lo largo de todo el siglo XX, hasta su disolución en el año 1991.

Ciertamente, la Revolución Rusa fue el síntoma de una época abierta por la Primera Guerra Mundial que afectó a todos los órdenes de la vida social humana. A la altura de Octubre de 1916 Europa había entrado inevitablemente en un tercer invierno de guerra y eran muchos los europeos que sentían haber llegado al límite de sus fuerzas. Parecía evidente que no había ningún otro país de entre los contendientes en el que el hartazgo, el descontento con la dirección de la guerra y del país y la escasez fueran tan precipitables como lo eran en Rusia.

Ese mismo año se iniciaba en San Petersburgo una huelga general que hubo de ser sofocada por varios regimientos de cosacos ante la negativa del ejército de reprimir a los trabajadores. Estos hechos condujeron al definitivo desprestigio del zarismo,  favorecieron la unión de la oposición burguesa y obrera frente al régimen y  sirvieron, sin duda,  para organizar a los soviets y dar un mayor protagonismo a los bolcheviques liderados por Lenin.

Por otra parte, los miles de refugiados que habían huido de Rusia en los últimos 12 años estaban diseminados por Europa, políticamente divididos y soñaban con regresar a su patria.

En febrero de 1917, la crisis del estado por el inmovilismo del Zar se unía a la crisis de un ejército absolutamente desmoralizado por las continuas derrotas de sus tropas, mal alimentadas y deficientemente equipadas. La desmoralización cundió entre los soldados y las deserciones, alentadas por la propaganda bolchevique, parecían estar a la orden del día.

Las tensiones que se iban acumulando y estallaron el 25 de febrero en una huelga general que al grito de “pan y paz” se irían extendiendo como mancha de aceite por diversas ciudades. Se produjeron motines en los cuarteles pero las tropas del ejército se negaron a disparar contra los huelguistas. Ciertamente, lo que había empezado como meras algaradas se había convertido en levantamiento armado que contaba con el respaldo del ejército ruso. Se había sublevado la guarnición de Moscú y consecuencia de ello sería la constitución de un soviet integrado por soldados, obreros y campesinos así como la formación de un Gobierno Provisional presidido por el príncipe Luov con Kerensky como ministro de Guerra y de Justicia. El Zar Nicolas II decidió trasladarse al frente para dirigir a las tropas pero la falta de apoyo de su ejército lo abocaba a la abdicación, hecho que se produciría el 15 de marzo de ese mismo año.

Así pues, la llamada “Revolución de Febrero” acabaría desembocando en la toma de control del país por un gobierno provisional formado por liberales y socialistas moderados con la connivencia de los bolcheviques. Los sóviets empiezan a surgir esporádicamente por todo el país. Representaban a los intereses del proletariado, soldados, marineros y campesinos. Como en Petrogrado, en la mayoría de los sóviets predominaban los mencheviques y los eseristas, esto es, los social revolucionarios. El Gobierno Provisional se había marcado como objetivo consolidar una revolución democrática burguesa en Rusia, pero el experimento fracasó, tanto por la decisión de continuar la guerra como por la presión de los soviets.

A la tensión social que venía padeciéndose en Rusia había que añadir la desastrosa situación en la que se encontraban los combatientes de La Gran Guerra. A la altura de marzo de 1917 los frentes Occidental y Oriental estaban paralizados, había tres millones de muertos y flotaba en el ambiente que aquella guerra no la podía ganar nadie.

El Kaiser alemán Guillermo II parecía obsesionado con que Rusia saliera de la contienda y poder así concentrar todo su esfuerzo bélico en un solo frente, el frente Occidental, algo que parecía estar en perfecta sintonía con el pensamiento de Lennin, quién desde el exilio se había convertido en uno de los portavoces principales de quienes querían cerrar la participación rusa en la guerra. Tal y como afirma el Catedrático de Historia y experto en Historia Rusa de la Universidad de Valladolid; Ricardo Martín, fue precisamente el propio Káiser, después de llegar a un acuerdo con Fritz Platten, secretario del Partido Socialdemócrata suizo, quien le hizo llegar a Lennin los permisos para su salida de Zurich, ciudad a la que se había trasladado desde Berna con su mujer, Nadia Krupskaia, para poder trabajar con algunos de los ejemplares que se encontraban en la Biblioteca Central en su tesis sobre el Imperialismo como estadio supremo del capitalismo. lennin 4

La tarde del 9 de abril de 1917, un tren, con las interesadas bendiciones del Kaiser alemán, esperaba su salida de la estación de Zúrich en dirección a la frontera alemana para trasladar Vladimir Ilyich Ulyanov, más conocido como Lenin, a su esposa y a otros 31 revolucionarios a su destino final: Rusia. Después de más de una década en el exilio, solo ocho días separaban a Lenin de su entrada triunfal en la escena de la revolución rusa con un rol muy concreto para el que llevaba casi toda la vida preparándose, el de líder revolucionario.

La noticia de la llegada de Lenin corrió como la pólvora y las autoridades locales prepararon un recibimiento masivo. Miles de personas con pancartas y símbolos revolucionarios esperaban a los exiliados. Era de noche y muchos llevaban linternas y antorchas. La imagen de la llegada a Petrogrado, como se conocía en aquella época a San Petersburgo, supondría un punto de inflexión en la historia del siglo XX y no tardaría en convertirse en uno de los íconos de la Revolución Rusa y del arte soviético.

lennin3

Las ideas plasmadas en las famosas Tesis de Abril: firma inmediata de la paz; proceso de colectivización; no colaboración, incluso lucha con el Gobierno Provisional y la famosa soflama “todo el poder para los Soviets” servirían de hoja de ruta hacia el Octubre rojo momento en el que los bolcheviques se impondrían al resto de los revolucionarios, liberales, conservadores y socialistas y dará comienzo un proceso lento y gradual protagonizado por Lennin que liquida, no solo a los enemigos previstos, sino también a los imprevistos y, precisamente, esa necesidad de liquidar a los enemigos es lo que acaba por dar paso de la violencia al terror y tal y como afirma el profesor Julián Casanova, Lennin estuvo en el momento justo para consolidar el paso de un sueño igualitario a una pesadilla.

 FUENTES: Octubre Rojo, Siglo XX Historia 16. Temas de Hoy, Vol. 6; BBC Mundo, Pablo Esparza, 9 abril 2017; El Confidencial. Cultura. 05 mayo 2017. Entrevista a Julián Casanova.

FOTOGRAFÍA: GETTY IMAGES