«Me quedaré con los que no pueden salvarse. Es indudable que facilitaremos la salida de España a muchos compañeros que deben irse, y que se irán por mar, por tierra o por aire; pero la gran mayoría, las masas numerosas, esas no podrán salir de aquí, y yo, que he vivido siempre con los obreros, con ellos seguiré y con ellos me quedo. Lo que sea de ellos será de mí»

Declaraciones a la directora del periódico socialista “La Voz” durante los últimos estertores de la Guerra Civil española

En medio de la ideologización apasionada y de la politización creciente que caracterizó a la España de la II República, consuela comprobar que algunos sectores mantuvieron la suficiente altura de miras. besteiro-2

En esta línea se manutuvo Julián Besteiro al que bien puede considerarse, tal y como afirma el profesor Abellán, un “socialista de cátedra”, un humanista que supo entender la política como un servicio permanente al pueblo al que no dudó en acompañar e incluso sacrificar la vida por él. Un hombre honesto, incorruptible que antepuso, a pesar de estar rodeado de fanáticos y totalitarios, la dignidad humana a su propia ideología. Incomprendido por los suyos, injustamente tratado por sus enemigos, Julián Besteiro es sin duda un digno representante de la “tercera España”.

Nació en Madrid en 1870 y estudió en la Institución Libre de Enseñanza donde coincidió con Fernando de los Ríos y los hermanos Machado. Esta formación krausista marcará su trayectoria vital, política e intelectual y la influencia del carismático Giner de los Ríos acabará por dotarlo de un profundo sentido ético.

Al acabar el bachillerato se matriculó en Madrid en la facultad de filosofía y letras, época en la que también frecuentó la biblioteca del Ateneo y poco tiempo después, en 1897, ganaba la oposición de Cátedra de “psicología, lógica y ética” del Instituto de Segunda Enseñanza de Orense. Enseguida se trasladó a Toledo y será allí donde se afilie al partido de la Unión Republicana, con el que conseguirá ser concejal del Ayuntamiento y participar activamente en la vida política local.

Decisivo para su evolución intelectual fue el viaje a Alemania, un viaje que realizó pensionado por la Junta para la Ampliación de Estudios, tal fue la experiencia que el krausopositivismo, que hasta ahora había sido la base de su pensamiento filosófico, fue sustituido por una adhesión al neokantismo que no le abandonará ya nunca.

Desde el punto de vista político, abandona su adscripción republicana y atraído por la moralidad y la honradez que representaban para él las ideas socialistas ingresa en la Agrupación Socialista Madrileña y en la UGT.

A partir de 1912, un año antes de su matrimonio con Dolores Cebrián, Besteiro ya es miembro muy activo del socialismo y de la vida municipal. En 1913, formando parte de la conjunción republicano-socialista se presenta a las elecciones madrileñas por el distrito de Chamberí y desde entonces hasta el final de la guerra civil los madrileños siguieron votándole, a lo que el respondió con absoluta dedicación y entusiasmo en el desempeño de su concejalía.

No obstante, la actividad política de Besteiro no se limitó a su proyección municipal, participó en la campaña contra la guerra de Marruecos, en la huelga general de 1917 por lo que fue encarcelado y en las deliberaciones generales del partido. Al morir Pablo Iglesias en 1925, ostentó la presidencia del PSOE hasta 1931, momento en que dimite de dicha responsabilidad. Sobre las causas de la dimisión se barajan distintas hipótesis, pero parece evidente que Besteiro no compartía lo que se iba imponiendo como opinión mayoritaria dentro del partido y que él calificó de “bolchevización” y, en base a ello, se fue alejando cada vez más de la participación activa de la política partidaria sin que por ello se viese afectada su estatura moral.

Es evidente que Besteiro entendía los conceptos del materialismo histórico y de la lucha de clases en un sentido puramente metodológico, como vías de investigación científica en el ámbito de las ciencias histórico-sociales pero rechazando, tanto una utilización dogmática de los mismos como su entendimiento unilateral. Pensaba Besteiro que solo su empleo metodológico de carácter dialéctico impediría que el materialismo histórico se convirtiera en dictadura del proletariado -leninismo- y la lucha de clases en lucha de razas -nazismo- siendo este planteamiento el que permitiría fundamentar un socialismo democrático abierto a la conquista del humanismo.

Su brillantez y su honestidad política le llevaron a la presidencia de las Cortes Constituyentes en 1931-1933 al tiempo que empezaba a sentirse cada vez más republicano y menos socialista, tanto es así que, en 1934 abandona la presidencia de la UGT, presidencia que venía ostentando desde 1928 en sustitución del recién fallecido Pablo Iglesias.

En 1936 Besteiro sería elegido diputado del Frente Popular por Madrid, sin embargo, en aquellos momentos ya estaba completamente aislado dentro del partido. Los doctrinarios, que sólo hablaban de revolución y violencia, no le perdonaron nunca su actitud colaboracionista con las políticas regeneracionistas de Miguel Primo de Rivera, ni su oposición a la violenta revolución de Asturias en 1934, apoyada por el mayoritario sector largocaballerista del PSOE, que supuso, de hecho, el primer golpe de estado contra la Segunda República. Tampoco se entendió su oposición a la afiliación del PSOE a la Komitern. Cabría recordar en este punto que años antes Fernando de los Ríos había visitado la incipiente Unión Soviética y después de comprobar la tiranía a la que los comunista tenían sometido al pueblo ruso elaboró un informe a la Ejecutiva socialista que fue ignorado.

Una vez iniciada la Guerra Civil Besteiro se opuso a la influencia comunista en el gobierno republicano y participó en el golpe de estado contra el gobierno de Juan Negrín llevado a cabo por el general Segismundo Casado, formando parte del Consejo de Defensa de Madrid en calidad de ministro de Exteriores. Fue el único miembro del consejo que permaneció en la capital cuando entraron las fuerzas del bando sublevado durante la ofensiva final de la Guerra Civil española, el 28 de marzo de 1939, a pesar de que fueron muchas las posibilidades que tuvo de abandonar tal y como lo hicieron otros altos dirigentes del Frente Popular.

Lo cierto es que su presencia en Madrid sería determinante, trabajó con empeño por el cese de las hostilidades haciéndose famosas se sus emotivas locuciones radiofónicas al pueblo de Madrid desde los sótanos del Ministerio de Hacienda.

“No desempeño ninguna función cuyo ejercicio requiera precisamente mi ausencia de Madrid, y en cambio, por haber venido representando como diputado a este pueblo sin interrupción en todas las legislaturas desde el año 1918, me considero tan ligado moralmente a mis electores que creo es mi deber acompañarles en las circunstancias difíciles en que actualmente se encuentran y las que les esperan verosímilmente”.

Finalizada la contienda, Besteiro sería sometido a un consejo de guerra, en el que se le acusó de haber promovido un socialismo moderado, fue condenado a treinta años de prisión. Falleció en 1940, víctima de una infección en la cárcel de Carmona, en unas condiciones de presidio deficientes a pesar de que, tal y como indica el historiador Paul Preston “El fiscal, teniente coronel Felipe Acedo Colunga, reconoció que Besteiro era un hombre honesto, inocente de cualquier crimen de sangre” y aún así, pidió para él la pena de muerte.