Hace aproximadamente un año, Barck Obama declaraba que, el uso de armas químicas en Siria sería la “línea roja” que determinaría una intervención militar estadounidense y aún cuando no parece estar suficientemente claro el interés que el régimen sirio podría tener en emplear armas químicas justo cuando una misión de la ONU, autorizada por él, inspeccionaba el uso de este tipo de armamento, la denuncia de la oposición a Bashar al-Assad, unida a los estremecedores videos en los que se muestran hileras de cadáveres y de civiles hospitalizados con convulsiones y dificultades respiratorias, ha provocado el inmediato anuncio de intervención militar en Siria por parte de Estados Unidos apoyados por el Reino Unido y por Francia que, al parecer, asumen el liderazgo europeo en el conflicto.

El conflicto Sirio se iniciaba en 2011 de modo semejante a los movimientos de la “primavera árabe”, con la actividad de una oposición democrática que, con manifestaciones y protestas forzaba a un régimen dictatorial a negociar una transición. Sin pretender poner en tela de juicio que el régimen de Bashar al-Assad, es dictatorial y que ha venido respondiendo a las revueltas con absoluta brutalidad, utilizando armamento pesado y aviones de bombardeo contra civiles, éste, es un conflicto más de los que se presenta a la opinión púbica de manera hipócrita y deformada. El periodista inglés, corresponsal en Oriente Medio y gran conocedor de crímenes colectivos incitados por intereses foráneos, Robert Fisck, lo ha descrito como “una guerra cobarde, de moralidad malvada con falsa retórica y vergüenza pública”.

Ciertamente, el conflicto sirio se ha convertido en un laberinto cada vez más desdibujado y peligroso cuyos hilos mueven los intereses de, EE.UU, de Rusia, y los de los diferentes colectivos religiosos: sunitas, chiítas, moderados laicos, fundamentalistas, minorías cristianas y safalistas.

El interés de Washington en derrocar el régimen sirio ya se anunciaba en el programa neocon que en el año 2002 presentaba el subsecretario de Estado del entonces presidente George W. Bush, por considerar que Siria formaba parte de los países del llamado “eje del mal”. Obviamente, el interés por el país radicaba y radica en que es el Estado más estratégico de Oriente Medio, por sus fronteras con Turquía, Iraq, Jordania, Líbano y sobre todo Israel, país que continúa ocupando los territorios sirios de El Golán. Siria es además, el único aliado de Rusia con costas en el mar Mediterráneo y en Siria tiene Rusia su única base naval en a la zona, además de ser  la primera frontera geopolítica y militar de Irán. Así pues, la caída de Siria en manos occidentales sería lo que podría abrir las puertas de un ataque israelí a Irán. A lo anterior, hemos de sumar los intereses que se derivan del acuerdo de cooperación energética que fue anunciado en 2010 entre Iraq, Irán y Siria para la construcción de un gaseoducto que conectaría el Golfo Pérsico con el Mediterráneo pudiendo posibilitar un bloqueo del estrecho de Ormuz por el que pasa un tercio del tráfico energético mundial y cuya consecuencia sería un agravamiento de la recisión económica mundial.

Por su parte Rusia encuentra en el conflicto la posibilidad de una nueva estrategia geopolítica en Oriente Próximo que pasaría por el apoyo al régimen sirio y al régimen iraní en su contencioso nuclear con EE.UU con el objetivo de poder fijar su posición como árbitro ineludible de los contenciosos sirios e iraníes, de este modo aprovecharía la oportunidad que el conflicto le brinda para recuperar la influencia internacional que había perdido durante los últimos años.

Por último, hemos de mencionar que el conflicto sirio es hoy una caldera donde el ingrediente integrista puede resultar más destructivo que una bomba atómica. A la confrontación geopolítica y estratégica se ha sumado cada vez con mayor virulencia los factores religiosos que enfrentan sunitas contra chiitas, a moderados y a laicos vs fundamentalistas y a las minorías cristianas con las salafistas adquiriendo el conflicto un carácter interconfesional  que hace que en Sira no se libre una, sino varias guerras cuyas consecuencias sufre sin paliativos la población civil.

María D. Perales Poveda

Licenciada en Historia