Lo inquietante es que todo cuanto está sucediendo en la zona, ya fue adelantado por un informe de la Rand Corporation encargado en el año 2008 por el Ejército de Estados Unidos en el que se recomienda expresamente “seguir la estrategia de divide y vencerás entre suníes y chiíes para debilitar sus energías en conflictos internos y de esta manera mantener el predominio del Golfo Pérsico sobre los mercados del petróleo”.

 

De la “Guerra Fría” del siglo XX a la “Guerra Híbrida”. Este parece ser el recorrido hecho por la OTAN desde el estallido de la crisis de Ucrania, un conflicto que los analistas de la Alianza califican de “híbrido” porque une fuerzas regulares e irregulares, desinformación y una aparatosa presencia militar en una ofensiva limitada.

Guerra Híbrida es un concepto acuñado por el periodista estadounidense Frank Hoffman en el año 2009 y del que Félix Arteaga, analista del Real Instituto El Cano señala: “Es una combinación de medios e instrumentos, de lo previsible y lo imprevisible. No hay fronteras entre lo legal y lo ilegal, entre la violencia y la no violencia. No hay una distinción real entre guerra y paz”.

gaseoducto 2

No obstante, convendría observar principalmente el gran objetivo que hay detrás de cada Guerra Híbrida que no es otro que mediante el uso de  tácticas de disuasión, interrumpir proyectos de conexión multipolar transnacionales a través de diversos conflictos de identidad provocados externamente: étnicos, religiosos, regionales, políticos… muestra de ello son los esfuerzos de los Estados Unidos para obstruir los proyectos de integración de Rusia en Ucrania y el constante torpedeo de la UE y de EE.UU a la construcción de los gaseoductos rusos North y South Stream

Ciertamente, la guerra entre Rusia y Ucrania en el año 2014 lejos de ser un mero conflicto de intereses pro-rusos vs pro-occidentales, tuvo como trasfondo un interesante escenario de reconfiguración de las relaciones internacionales marcadas por los intereses geoestratégicos y geopolíticos que han ido surgiendo entorno al gas, una fuente de energía que a medida que disminuyen las reservas de petróleo se hace mucho más codiciada. A ello además, hemos de añadir que en esta partida de ajedrez que se juega en el tablero mundial y que parece haber pillado por sorpresa a la OTAN hay un alfiz que no debemos perder de vista, el uso de la religión como argamasa a la hora de crear alianzas pro rusas o pro occidentales al tiempo que se impulsa una debilidad en la zona muy ventajosa para occidente.

Sabemos que hoy por hoy Rusia tiene más reservas de gas natural que cualquier otro país del mundo y que en base a ello emerge como gran potencia energética, lo que augura al gigante euro asiático un prometedor futuro que Estados Unidos observa con tremendo recelo. Por ello y al objeto de reducir el control ruso sobre el suministro de gas a Europa, en el año 2006 se concibió el proyecto del gasoducto Nabucco que traería el gas desde Mar Caspio : Kazajistán, Turkmenistán, Azerbaiyán e Irán. Un proyecto que Rusia observará con verdadero recelo y que dejará en mantillas negando al Nabucco el suministro e iniciando la construcción de los gaseoductos North y South Stream.

En 2009, Quatar a iniciativa de EE.UU propone la creación de un nuevo gaseoducto al objeto suministrar gas a Europa a través de Arabia Saudí, Jordania, Siria y Turquía y sobre la base de romper la mayor fuente de ingresos de Rusia junto con el petróleo. Esta iniciativa no hizo sino dar el pistoletazo de salida a la carrera gasística en Oriente Próximo, una carrera que apenas ha empezado y ya está en la base de una devastadora guerra, la guerra en Siria.

guerra de gas 1

Naturalmente y en primer lugar, el presidente sirio, Bashar al-Asad, rechazó el proyecto porque iba en contra los intereses de su aliado Vladimir Putin y en segundo lugar, porque Bashar al-Ashad en Siria, la mayor parte de Irak e Irán son musulmanes chiís. El chiismo por tanto, actúa como argamasa que les convierte en aliados para la construcción del gaseoducto Irán-Irak-Sira, una construcción apoyada por Moscú que, proveyendo de armas a Damasco y estrechando las relaciones con Irán, además de obtener pingues beneficios le planta cara a Washington.

Obama por su parte, no dudó a la hora de ponerse al frente de la coalición de suníes: El Estado Islámico, los rebeldes sirios, Yemen, Arabia saudí y Quatar para derrocar al dictador sirio. A tal fin, dio luz verde para que príncipes saudíes y qataríes inundasen de dinero al Estado Islámico ya que, derrocar al dictador sirio sería el modo de neutralizar el gaseoducto iraní. Un apoyo que, a juicio de analistas, expertos e incluso de la propia Hillary Clinton en una entrevista concedida a The Atlantic en el año 2014, se les ha ido de las manos.

Lo inquietante es que todo cuanto está sucediendo en la zona, ya fue adelantado por un informe de la Rand Corporation encargado en el año 2008 por el Ejército de Estados Unidos y que lleva por título “Desvelando el futuro de la guerra prolongada”, documento en el que se recomienda expresamente “seguir la estrategia de divide y vencerás entre suníes y chiíes para debilitar sus energías en conflictos internos y de esta manera mantener el predominio del Golfo Pérsico sobre los mercados del petróleo”. Del mismo modo, un memorándum de la Oficina del Secretario de Defensa de Estados Unidos reveló, unas semanas después del 11-S, la existencia de planes para “atacar y destruir los gobiernos de siete países en cinco años”, empezando con Irak y siguiendo con “Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán” como estrategia fundamental para poder controlar los enormes recursos de petróleo y gas de Oriente Medio.

La consecuencia, la sabemos: millares de muertos y millones de desplazados en Siria, un aumento brutal del terrorismo en los países de Oriente próximo y Europa, que se había marcado como prioridad limitar la dependencia de Rusia y veía en el gasoducto qatarí la solución como suministro alternativo, se ha encontrado con la guerra en casa de la mano del yihadismo.