No son pocos los expertos y analistas que coinciden en que el verdadero trasfondo del conflicto y auténtico detonante de la guerra es la lucha energética y la carrera por la construcción de gasoductos que han venido atravesando la Siria de preguerra y que han mantenido enfrentados a los dos grandes bloques regionales: las monarquías suníes del Golfo aliadas con Turquía por un lado y al Irán Chií junto a Siria e Irak por otro.

 

A medio camino entre Europa, Asia y África, Siria fue y sigue siendo una importante salida al Mediterráneo, especialmente para el comercio y la inmigración. Por ese territorio, transitaron en la antigüedad egipcios, griegos, romanos, omeyas, persas y otomanos, entre otros pueblos, y ha sido epicentro de importantes disputas que acabarían por marcar el destino del mundo contemporáneo.siria 3

En marzo del 2011, lo que había comenzado como un levantamiento pacífico de muchos sirios contra el presidente Bashar al Asad por falta de libertades y desigualdad social, acabó por convertirse en una brutal y sangrienta guerra civil entre partidarios de al Asad y “opositores” que involucraba a la vez a potencias regionales e internacionales.

No son pocos los expertos y analistas que coinciden en que el verdadero trasfondo del conflicto y auténtico detonante de la guerra es la lucha energética y la carrera por la construcción de gasoductos que han venido atravesando la Siria de preguerra y que han mantenido enfrentados a los dos grandes bloques regionales: las monarquías suníes del Golfo aliadas con Turquía por un lado y al Irán Chií junto a Siria e Irak por otro. Ambos bloques se enfrentan hoy en el tablero bélico avalados por Washington los primeros y por Rusia los segundos.

Ciertamente, en el año 2009, Qatar ofrecía al régimen de el Asad una propuesta para construir un gasoducto que habría de atravesar Arabia Saudí, Jordania y Siria enlazando con Turquía antes de llegar a Europa. Algo absolutamente ventajoso para las exportaciones sauditas. El Asad no dudó en declinar la propuesta qatarí, que hubiera perjudicado a su aliado ruso, la compañía estatal Gazprom que provee a Europa del 25 % del gas que consume. A la sazón y preocupado ante la creciente dependencia de Europa en materia de gas hacia Moscú, Estados Unidos se sumó a la guerra de los gasoductos con la propuesta de “Nabuco”: una construcciónque aspiraba a evitar las zonas de influencia rusa y pujar de las reservas del mar Negro y de Asia Central. Sin embargo, los gasoductos diseñados por Rusia resultaron más viables económicamente y sin una alternativa ventajosa, Rusia seguiría nutriendo a Europa de Gas y dejándola a merced de los caprichos del mercado. Al efecto, el presidente sirio aceptaba en 2010 participar en otro proyecto: el gasoducto islámico propuesto por Irán. Se trataba de un canal que atravesaría Irak y Siria, convirtiendo a esta última en una importante plataforma antes de alcanzar Europa. De manera que, cuatro meses después de que estallaran las protestas populares en Siria, Damasco y Teherán firmaban el acuerdo para la construcción de un gasoducto chií que si bien se ofrecía como alternativa para reducir la dependencia europea de Rusia, reposicionaba a Irán en aras de su reinserción en el mercado internacional. Escenario que se observaría como auténtica pesadilla tanto para las monarquías suníes del Golfo como para muchos políticos de Washington.

Hoy sabemos que los diferentes actores que pujaron por uno u otro gasoducto, son las piezas clave en el tablero sirio y que efectivos de Estados Unidos junto con servicios secretos británicos y franceses han estado entrenando a facciones rebeldes y financiando a grupos opositores en el exilio con el objetivo de derrocar al régimen actual . A Qatar y Arabia Saudí se les acusa de financiar a rebeldes e islamistas insurrectos en Siria. En cuanto al bando ruso iraní, es evidente que ha jugado un rol clave a la hora de entrenar y abastecer militarmente al Ejército de Bachar el Asad.

siria 4Las consecuencias de este “juego de tronos”: más de medio millón muertos, millón y medio de heridos, cincuenta por ciento de las infraestructuras del país destrozadas y entre seis y ocho millones de desplazados.