AT“El “Diluvio Universal”, una narración prototípica de la Biblia plagiada de una leyenda sumeria, la del ciclo de Ziusudra, cuyo contenido conocemos a partir de los diferentes fragmentos de tablillas de escritura cuneiforme en los que el conocido poema de Gilgamesh relata la historia exacta del Diluvio de Noé”.

Lo que hoy conocemos como Antiguo Testamento es un conjunto de libros en los que se recoge la historia y las creencias religiosas del pueblo hebreo que, como nación de Israel se ubicó en la región de Palestina durante el siglo XIII a. C.

Han sido muchos los análisis científicos han demostrado que buena parte de los libros son el resultado, como la mayor parte del texto bíblico, de un larguísimo proceso de elaboración, durante el cual se fueron actualizando documentos antiguos a los que se les añadía datos nuevos e interpretaciones diversas en función del talante e intereses de los nuevos autores.

Sin embargo, la iglesia católica, así como sus traductores, sostienen que todos los textos incluidos las Sagradas Escrituras han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, y son, por tanto, obra divina. Basta tomar sin embargo, algunas referencias del texto bíblico para observar con absoluta claridad que la “narración divina” no es más que un cúmulo de mitos mesopotámicos. Posiblemente, el más emblemático sea el del “Diluvio Universal” una narración prototípica de la Biblia plagiada de una leyenda sumeria, la del ciclo de Ziusudra, cuyo contenido conocemos a partir de los diferentes fragmentos de tablillas de escritura cuneiforme procedentes de la biblioteca del rey Assubarnipal en Ninive en los que, el conocido poema de Gilgamesh relata la historia exacta del Diluvio de Noé.
Tampoco Dios debió de estar demasiado inspirado al atribuirle a Moisés la misma historia mítica que ya se había escrito cientos de años antes referida al gran gobernante sumerio Sargón de Akkad, 2334-2779 a.C, quién nada más nacer fue depositado en una canasta de juncos y depositado en el río Éufrates hasta ser rescatado por un aguador.

Este tipo de leyendas, conocida bajo el modelo de “salvados de las aguas”, es universal y, al margen de Sargón o de Moisés figura igualmente en el currículum Rómulo, abandonado en un río y salvado por una loba, la misma historia se cuenta de Edipo, éste salvado por la esposa del rey Corinto o Sigfredo lanzado al río y rescatado por una cierva. Como vemos, estos son algunos ejemplos de niños destinados a una muerte inmediata que acaban convirtiéndose en héroes.
Otro ejemplo que ilustraría como la “mitomanía” del Antiguo Testamento fue la clave que hizo posible la supervivencia de los israelitas y acabó siendo el eje troncal de la identidad hebrea fue el de su huida de Egipto hacia la tierra prometida, posiblemente en el s. XIII a.C. Mientras el pueblo hebreo estaba acampado en el desierto del Sinaí, su líder Moisés había subido a una montaña sagrada dónde, según se relata, afirmó haber oído la voz de Yahveh quién le dictó su Ley y pactó una nueva alianza renovando las que hizo con Abraham, que garantizaba el futuro de Israel a cambio de su obediencia al mandato divino. Este supuesto hecho, pierde algo de valor si consideramos que los pactos de alianza entre un héroe y un Dios, están documentados arqueológicamente al menos desde el siglo III a.C en diferentes culturas mesopotámicas y que la estructura literaria de los pasajes bíblicos que hacen referencia a la Alianza son un plagio de los tratados de vasallaje hititas.
Podríamos alargar nuestra reflexión con decenas de ejemplos similares pero cualquiera de ellos nos conduciría a la idea de que Israel, históricamente insignificante a excepción del período de esplendor impulsado por David y Salomón, vivió bajo la amenaza de poderosos enemigos y tuvo que soportar no pocas crisis internas. No es extraño que necesitase desesperadamente la atención y protección de un Dios todopoderoso al que estaría dispuesto a someterse como un niño se somete a su progenitor, un Dios único y excluyente.

Pepe Rodriguez “Mentiras fundamentales de la Iglesia Catolica”