El sondeo de Metroscopia realizado con motivo de la festividad del 9 d’Octubre, pone de manifiesto que los partidos de izquierda con representación parlamentaria consolidarían su victoria si se celebraran hoy las elecciones autonómicas. Un vuelco electoral que ya se había evidenciado en un estudio realizado por la misma empresa demoscópica en Octubre del 2012, ello se traduce en que, un año después, el estado de opinión de la sociedad valenciana parece  permanecer intacto.

Los socialistas con 27 diputados asignados, según el sondeo, quedan muy lejos de los 33 que lograron en los comicios del 2011. Sin embargo, las dos fuerzas que consolidan su crecimiento son Compromís y Esquerra Unida del País Valencià, cada una de las cuales obtendría 13 escaños que sumados a los 27 de PSPV otorgaría a la izquierda la mayoría del arco parlamentario, 53 diputados.

No parece probable que esta tendencia vaya a cambiar en el año y medio que falta para los próximos comicios y el estado de ánimo entre los sectores más lúcidos de la izquierda parece fluctuar entre el júbilo y la prudencia. Ello parece lógico si tenemos en cuenta que el tripartito que sin duda está llamado a gobernar en la Comunidad Valenciana habrá de enfrentarse a un doble problema.

En primer lugar, habrá de resolver el problema de liderazgo, un problema nada baladí a la hora de elegir candidatos dirigentes si consideramos que, la citada encuesta demoscópica refleja que el político más valorado es Mónica Oltra de Compromís que consigue una nota de 5’9, le sigue Marga Sanz de Esquerra Unida con 5’0 y Enric Morera del Bloc Nacionalista con 4’7, por último, pisándole los talones el socialista Ximo Puig con 4’5. Obviamente, estas valoraciones no comprometen las decisiones de los partidos que deberán ser negociadas pero sin duda sería, a mi juicio, un error desdeñar las valoraciones y preferencias del electorado y lo que es peor, que nos ofrecieran el lamentable espectáculo de anteponer sus anhelos de protagonismo al bien común.

El segundo problema a enfrentar es el de restablecer el bienestar y la equidad social en una Comunidad que, como sabemos, hoy se encuentra absolutamente endeudada. Los datos que nos ofrece el Banco de España es que solo durante el primer trimestre año el incremento de deuda fue del 35’8%, a ello hemos de añadir una tasa de paro que ronda el 30%, un modelo  de financiación autonómica en el que la Comunidad Valenciana está por debajo de la media, en cuanto a financiación per cápita respecto al resto de autonomías y un sistema financiero arrasado por el  ladrillo.

Toda una joya, sin duda, pero la obligación de quienes ostenten el poder habrá de ser, sin dilación, organizar una alternativa seria que implique otra manera de gobernar. Se va a necesitar que quienes nos representen, adopten actitudes lo suficientemente honestas para reconocer ante la sociedad valenciana que, la sola alternancia política no puede garantizar el restablecimiento del sistema de calidad perdido cuyo origen obedece a algo mucho más letal y profundo que las abominables y derrochadoras políticas que los populares han venido manteniendo en la Comunidad Valenciana. Únicamente enfrentándose a la realidad y anteponiendo el bien común a los intereses partidarios se podrá empezar a construir el cambio.

La tarea es ardua, no cabe duda, pero la augurada victoria puede llevar a la izquierda a impulsar ese cambio de manera efectiva, si para ello se desprenden de viejos cánones y de retórica ideológica o, por el contrario, acabar experimentando el agridulce regusto de una victoria pírrica. La pelota, a año y medio de los comicios, aún está en el tejado. Todo es posible.

 

María D. Perales Poveda

Licenciada en Historia