la pepa“Fue, uno de esos días de celebración general, «en que ceden a un ímpetu simultáneo de alegría y de esperanza personas de diversas y aun encontradas opiniones, inclusas hasta las que miraban con poco gusto el objeto de la solemnidad que se estaba celebrando».

 

El 19 de marzo de 1812 se proclamaba en España la primera constitución liberal: “la Pepa”, un texto muy extenso, que constaba de 384 artículos, agrupados en diez títulos. Para la promulgación se escogió el día 19 de marzo de 1812, conmemorando así que el mismo día de 1808 Carlos IV había abdicado en su hijo Fernando, y aunque aquel, según relatan las fuentes de la época, fue un día de lluvia y de tormenta, la fiesta se celebró con amplia participación popular, en medio de salvas que eran, paradójicamente, correspondidas por las tropas francesas sitiadoras que, por su parte celebraban la onomástica del Rey José I.

Culminaban así, dos años de intensísima  vida política, protagonizada sobre todo por los que habían llegado a Cádiz como refugiados. Una actividad que no solo  se desarrollaría en aquellas Cortes en las que oradores liberales o reaccionarios debatían los grandes problemas del país, jaleados o abucheados por un público de espectadores apasionados, «que tomaban parte y ejercían influjo en las deliberaciones». La actividad y el debate se extendían a la ciudad a través de los periódicos -hasta 60 se llegaron a publicar allí en estos años-, que expresaban las más diversas posturas ideológicas. Junto con la prensa, una abundante literatura de folletos de los más diversos colores, entre los que se podía encontrar desde el casticismo y la agudeza de un liberal como Gallardo hasta la plúmbea prosa del padre Alvarado, el filósofo rancio que mezclaba latinajos escolásticos y chistecillos callejeros.  Todo ello unido a no pocos y acalorados debates y tertulias en los cafés del Cádiz decimonónico.

Se ponía así, aquél 19 de marzo, punto y final a dos años de discusiones y  se decidió hacer una proclamación solemne del texto constitucional, aunque no sin que hubiese, según narran las fuentes, cierto temor a que los bombardeos franceses que se habían reanudado pocos días antes, perturbaran la tan esperada celebración; pero aquel día, afortunadamente, la artillería francesa no se dedicó a bombardear la ciudad, sino, como decíamos al principio, a celebrar con salvas la fiesta del santo patrón de su rey José I, salvas que vinieron a coincidir con las otras, las que festejaban la proclamación de la Pepa.

En cualquier caso, la mejor descripción de lo vivido en Cádiz aquel día de San José de 1812 nos la hace sin duda el político y escritos español Antonio Alcalá Galiano:

«La festividad de Cádiz fue alegre y singular, aunque no de gran lujo, no consintiéndolo las circunstancias. La ceremonia del 19 se reducía a ir el Congreso en cuerpo, acompañado por la Regencia, a celebrar un solemne tedeum, y a publicarse por la tarde la nueva ley en los lugares más públicos de la ciudad, en varios tablados, con las fórmulas usadas en el acto de las proclamaciones de los reyes».

«El tiempo, que desde el día anterior estaba amenazando, rompió, a la hora de la solemnidad, en violentísimas ráfagas de viento, acompañadas de recios aguaceros, sin que por esto la numerosa concurrencia que poblaba las calles y el paseo pensase en resguardarse de los efectos del huracán y de la lluvia, apenas sentidos entre los arrebatos del general entusiasmo y gozo». Fue, añade, uno de esos días de celebración general, «en que ceden a un ímpetu simultáneo de alegría y de esperanza personas de diversas y aun encontradas opiniones, inclusas hasta las que miraban con poco gusto el objeto de la solemnidad que se estaba celebrando».

Lo que allí se legisló durante aquellos complicados años no pudo llevarse a la praxis, pero no cabe duda de que aquel texto sirvió y es tuvo en la base de un programa de reformas que anunciaba los conflictos políticos e ideológicos que conmoverían España en las décadas siguientes.